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Categories: bitácora

“E se desejo às vezes
Por imaginar, ser cordeirinho
(Ou ser o rebanho todo
Para andar espalhado por toda a encosta
A ser muita cousa feliz ao mesmo tempo)”
-
Fernando Pessoa,  Eu nunca guardei rebanhos.

Pienso en este poema de Careiro, y nuevamente me llega un sonido como si fuese una conversación sostenida con un amigo hace mucho tiempo. También carezco de ambición o deseo. También es una manera de estar solo. De ser solo. Ser solo. Buscar solo. No busco otra cosa sino palabras; y busco a las palabras como una constante de destellos en una imagen que nunca fragua. Un espejo de agua que desaparece al asomarse a él. Tampoco guardé rebaños, pero sí tomé atajos. No tengo más gracia que la de señalar lo obvio: los matices de un color -la mirada atónita de un niño embobado-. No tengo otro ritmo que el que va marcando cada antecesor, siguiendo el alma del pastor. Y sólo así no soy solo. Yo tampoco guardé rebaños, pero es como si los guardara.

Zona MACO

 

Por medio de dos amigos, di con un par de textos escritos en 2010 que abordan el estado del arte.

El primer texto, escrito por José Felipe Coria y Miguel Ángel Da Vila y publicado en la Revista Replicante, se titula Contra el arte farsante, y analiza con despiadado rigor académico la manera con la que se comercializan las obras (¿artísticas?) de nuestro tiempo, así como el por qué el mismo concepto de arte se ha banalizado. Es un texto imperdible.

El segundo, de Ben Lewis y publicado en Prospect Magazine, se titula The dustbin of art history, y trata de dimensionar el arte contemporáneo a través de una perspectiva histórica, al comparar el periodo actual con algunos otros movimientos de antaño.

Y ya entrados en el tema (y para reír un rato), recomiendo pasar por un texto más fresco e irreverente titulado Lo peor de Zona MACO, de José Luis H.

Solamente seis palabras tiene aquel cuento que se le adjudica a Hemingway: For sale: baby shoes, never worn. 

Matando tiempo en Internet me topé con esta infografía creada por Cartridge Discount en la que pone la lupa en el conteo numérico de las palabras presentes en algunos trabajos literarios, que van desde un haiku hasta la enorme totalidad de palabras de Juego de tronos.

 

wordcountgalleryvía ShortList.com

 

XXI

Categories: bitácora

A esta hora ya nadie se asoma por los balcones. La brisa llega cansada -son los últimos días del verano, supongo que el viento se ha fatigado de soplar-.
Hubo un tiempo donde se podía creer en el poder de Scherezade. Una historia por vez. Mil noches por vez. Una noche de por vida. Hoy los balcones están vacíos. Ya no se asoman las familias, ni los amantes, ni Scherezade. ¿Qué final tendría el cuento que había comenzado a narrar? Media noche por vez. Los balcones florecen de ramas marchitas. El calor se ha llevado todo: a Scherezade, a sus cuentos, a los amantes, a la brisa, a las familias, a las flores, a los balcones que ahora no son balcones porque no hay gente que los vea.
Arriba, el cielo marchita, la noche abraza mi cuerpo, y yo, observo todo esto mientras como de la más seca de todas las frutas.

 

A seis meses de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el fotógrafo Matt Black retrata el dolor de las familias de los desaparecidos en este cortometraje realizado para The New Yorker.

Una galería completa del fotógrafo y el enlace original pueden consultarse aquí.

Los posicionamientos de los padres de los normalistas a seis meses sin respuesta (y ante una “verdad histórica” insultante) puede consultarse aquí.

——–

 

With metaphor, the innovation lies in the producing of a new semantic pertinence by means of an impertinent attribution: “Nature is a temple where living pillars…” The metaphor is alive as long as we can perceive, through the new semantic pertinence –and so to speak in its denseness –the resistance of the words in their ordinary use and therefore their incompatibility at the level of a literal interpretation of the sentence.

-En Time and narrative, de Paul Ricoeur

XX

Categories: bitácora

La vida es un trámite burocrático. Un ir y venir entre ventanillas y gente incompetente que nos pide llenar formularios, fotocopiar documentos inútiles, pagar aranceles. Por esta razón, la literatura de Kafka es lo más parecido que existe a la vida. La vida se mueve entre la negación y la esperanza de terminar algo (¿la vida?). Hay un rumor que aún se siente a lo lejos. Otra vez he dicho demasiado.

XIX

Categories: bitácora

Aparto al mundo como aparto la ceniza de mi cenicero.
En la enumeración de mis fracasos encuentro la bitácora de mis días:
una silla vacía
un manchón en la pared
el cerrar de los maleteros de los taxis
un boleto de vuelo que ha vencido hace ya tiempo.
Y como en el cuento donde todo mundo ha muerto y uno se encuentra totalmente solo, de la misma manera alguien que no soy yo llama a la puerta.
¿Quién puede ser?
¿Quién llama a mi puerta que no es puerta de nadie, ni siquiera mía?
En el cenit de esta noche sin sorpresas,
tengo la conciencia que en otro mundo es un lindo día,
que en otros horizontes se alza el sol,
que en otros lugares presencian el más bello de los ocasos.
Pero yo aparto esos mundos de mí como aparto la ceniza de mi cenicero.

Categories: bitácora

La gente tiende a comprender a la ciudad como si se tratase de un mapa. Hoy día para muchos son sinónimos. La urbe se reduce a una serie de cuadrados que delimitan zonas y marcan puntos de interés. Lo restante, todo aquello que no sobresale, está muerto. No existe. Una ciudad puesta en el mapa no difiere mucho del resto de las ciudades. Acaso en tamaño o en alguna curiosa formación geométrica. Imposiblemente se distinguen sus atributos tan sólo con ver su cartografía. Ambas cosas están disociadas. La Torre Eiffel, el  Országház, la Sagrada Familia. No importa lo que haya hecho el hombre de cualquier época para tratar de hacer sobresalir los valores e ideales que le fueron propios, porque para el imaginario actual no hay distinción de estos elementos más allá de antiguas curiosidades del paisaje moderno. Hay que conectarlos a un todo funcional. Hoy día, las ciudades son consideradas en función de lo que pueden ofrecer. Y lo que pueden ofrecer es funcionalidad. Funcionalidad que es dada a medias al no serlo para todos. Hay ciudades que incluso fueron diseñadas para que su gente, una vez que ha salido de casa, no pueda sentarse a tomar un descanso ni un solo momento. Ignoro si esto sea algo malo. Incluso si puede dársele un atributo de bondad. Lo cierto es que nunca antes, las ciudades estuvieron tan pobladas como hoy en día. El ritmo de crecimiento de algunas de ellas es tal, que simplemente no hubieran tenido lugar en el pensamiento de aquellos que concibieron la Revolución Industrial. No existen ciudades para vivir, sólo para ser habitadas. Cada vez que escuchamos de un parámetro de construcción actual, lo que oímos decir es: más alto, más grande, más ancho, más fuerte, más práctico. ¿Habrá un día en que podremos de nueva cuenta escuchar a alguien hablar de más bello? Sólo en una sociedad maliciosa no puede haber espacio para una pregunta inocente. El mismo tipo de sociedad que no deja espacio para todo aquello que le sea ajeno, que no le sea útil. En su libro, París y la aglomeración parisina, Chombart de Lauwe expone un ejemplo extraído de sus estudios sociológicos, con un mapa sobre el cual una estudiante de clase media alta trazó sus recorridos a lo largo de un año. Al final de ese año, lo que podía verse en el mapa era un triángulo groseramente delineado, que ubicaba tres puntos: su clase de piano, la escuela y su casa. Algunas otras líneas ocasionales mostraban otros puntos concurridos por la parisina, pero siempre se trataban de destinos inscriptos dentro del mismo radio. Cualquier otro punto de la ciudad que quedó excluido del perímetro recorrido por la chica, no podía encajar con las funciones que su clase social le pedía. El mismo ejemplo se repitió con otros individuos. En conclusión, los habitantes no conocen sus ciudades porque están fragmentadas de tal forma en que puedan desarrollar sus actividades. Es decir, el ciudadano medio no habita su ciudad, sino su barrio. Eso en París.  Pero la fórmula se repite también en nuestras ciudades. La fuerza de identidad que sufren los habitantes de los barrios –gracias al imaginario de otros barrios, de los habitantes de ese mismo barrio, en todo caso, de las fronteras administrativas que imponen los gobiernos –es tan acentuada como lo era antaño la identidad de un ciudadano. Cada vez nos es más familiar relacionarnos con términos como hacinamiento y alienación. Habitamos dentro de mapas. La diferencia es que un mapa, en todo caso, sirve para ubicarnos dentro del espacio, y nosotros conforme más crecemos, más nos perdemos y olvidamos para qué queríamos encontrarnos. La utilización de la arquitectura, en todas las épocas, suele tener además de su lado pragmático, un uso simbólico. A veces me gustaría saber qué quisimos simbolizar con nuestros duros cuadrados de concreto.